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Ayer nos mataron en Estácio

 

 

Eran sobre las tres de la madrugada del quince de marzo. Yo dormía, y fuera de la habitación mi marido veía un partido suramericano. Nunca me despierta cuando se va a la cama y al hacerlo de repente me sentó como esas llamadas en la madrugada, con código de número internacional, que nunca son buenas. Me dijo algo como: “Hay muy malas noticias de violencia en Río. Te lo tengo que contar.” Desde entonces tengo Olhos D’água y una rabia que no se va ni escribiendo, ni gritando, ni rezando. Perdonad, pero este texto será totalmente parcial. No me importa.

 

Marielle Franco. Tenía treinta y ocho años, era negra, pobre, de la favela, feminista, concejala (la quinta más votada) y militaba por los derechos humanos. Su investigación de máster fue sobre la violencia policial en las favelas de Río de Janeiro. El veintiocho de febrero se convierte en relatora de la Comisión de Seguimiento de la Intervención Federal (militar) en Río de Janeiro y el pasado diez de marzo denunció a policías militares por abuso de autoridad en una de las favelas con más casos de violencia, la de Acari. Ayer, al salir de un evento sobre mujeres negras que mueven estructuras, en el barrio de Estácio, cuatro disparos en la cara nos quitaron la vida, nos llenaron de odio y nos echaron alcohol en una lucha que, si ya ardía antes, ahora incendiará a toda la ciudad maravillosa.

 

Siempre que se tenga duda de por qué es necesario el feminismo negro, recordad a Marielle. Siempre que se crea que nuestras quejas y denuncias son simple rencor, leed los Informes de Amnistía Internacional, de la ONU, y recordad a Marielle.  

 

 

No te callarán, Marielle. Ellos no entienden de Hermandad. Seremos tu voz, tu cuerpo, tu fuerza y tu lucha. Has muerto por nosotras. Que te reciban todos los orishas, que resuenen todos los tambores de África. Convoco a todas las mujeres a ponerse en primera fila, coged vuestras armas sociales (vuestros trabajos, vuestras voces, vuestra estética, vuestro cuerpo, vuestros cargos, vuestra política, vuestras familias, vuestrxs niñxs, vuestra fe), y que empiece la guerra. Que nos ampare Yànsá. Que les bloquee Exu. Nuestras voces, textos y palabras ahora son psicofonías, psicografías, ahora nuestra marcha por la ciudad serán pasos de terreiro. La mujer negra siempre luchó y siempre luchará. ¿El miedo? ¿Nos están plantando miedo? Cogedlo por el cogote, hermanas, agitadlo bien fuerte y, como pombas giras con las manos en las caderas, escupid el miedo de vuelta en la cara de ellos.

 

Por ti y por todas nosotras, no te callarán ni muerta.

 

Marielle, presente! 

 

 

 

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