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Nélida Piñon es la Nélida Piñon brasileña

 

 

Este mes de noviembre está en España la grandísima escritora Nélida Piñon. El pasado miércoles tuve el honor de presentarla, junto a Víctor David López, en el Palacio Quintanar (Segovia). Un evento organizado por la Fundación Cultural Hispano-Brasileña, la Embajada de Brasil y la Junta de Castilla y León. Preparé un texto muy especial para esa noche y me alegro de poder compartirlo aquí en nuestro espacio. Ahí lo tienes: 

 

¿Quiénes son las grandes embajadoras y embajadores culturales de un país?

Siempre he admirado los que lo son no por exceso de diplomacia sino por abundante empatía con los pueblos, criticidad social y Arte. Mucho Arte.

 

Gigante por su propia naturaleza, Nélida es bella, es fuerte, impávida, además de muy brasileña y gallega.

Y por ser brasileña, en si misma, es compuesta por varios lugares, memorias y pensamientos. Igual que sus textos. Así lo aseguran los premios que recibió y las conquistas que logró, por mencionar solo algunos:

 

Doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional Autónoma de México (2007); Premio Príncipe de Asturias (2005); Premio Jabuti (2005); Premio Internacional Menéndez Pelayo (2003), Premio Juan Rulfo (1995); es miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua; miembro de la Real Academia Gallega; fue la primera presidenta de la Academia Brasileña de Letras (1997); autora con obras traducidas para más de treinta países; es una de las más grandes escritoras de América Latina; y, para colmar el vaso, nació en la ciudad maravillosa. 

 

Leí en algunos artículos que Nélida era como la Proust brasileña, o que se la podía comparar con Machado de Assis o Dostoievsky. Todo mi respeto y admiración a esos magníficos escritores, pero diría que Nélida Piñon es la Nélida Piñon brasileña.

Una mujer que consigue, a pesar de las turbulencias, trasladar sus letras por los dos hemisferios sin pérdida de vuelo ni problemas aduaneros con lectores. Ella siempre cumple sus compromisos con las ideas. No pisa tan fuerte para no hacer daño, sin embargo siempre deja huellas decoloniales en tierras colonizadoras. Nélida es la de la prosa feminista en renglones desiguales, la que llena la Academia de piñones en sus cien años de soledad patriarcal. Una pierde los sentidos intentando entender cómo consiguió alzar al centro la literatura periférica de un país periférico.

 

Desde el feminismo negro, desde la educación en casa y desde el feminismo en la literatura aprendimos algo importantísimo buscando información sobre una parte de la humanidad que fue privada de libertad y de tener su historia registrada por más de cuatro siglos: el pueblo negro. Aprendemos día a día que sin ancestralidad y memoria no hay identidad. La actual presencia de la mujer en la literatura se debe al recorrido de muchas que nos antecedieron peleando lápiz en mano. Nos abrieron caminos incluso cuando caminar sin la presencia de un hombre les era negado. Aún con todas las luchas por trabar, hoy somos y caminamos porque muchas son, fueron y lucharon por ellas y nosotras. Mujeres referentes en la historia mundial, como Maria Firmina dos Reis, Júlia Lopes de Almeida, Clara Campoamor, Virginia Woolf, Gilka Machado, Simone de Beauvoir, Carolina Maria de Jesus, Angela Davis, Gioconda Belli, Conceição Evaristo, Nélida Piñon, y muchas otras.

 

Las clases privilegiadas, históricamente, sufrieron amnesia selectiva en los libros didácticos; pero la clase de donde provengo yo y de donde provienen muchas otras –de los suburbios y periferias– conoce muy bien y al detalle quiénes son los que hacen los trabajos duros y preparatorios de cualquier banquete. Lo disfrutamos, pero antes respetamos y glorificamos a las grandes guerreras y guerreros. Como debe ser.

 

Disfrutemos de Nélida Piñon y de la literatura brasileña, que tiene, en la figura de esta escritora, tanto ladrillo como cemento y pintura.

 

Y, principalmente, no olvidemos. 

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